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Por primera vez, ante un conflicto que se desarrollaba en el Medio Oriente, Venezuela no fue percibida como una parte de la solución, sino más bien como una parte del problema. Siempre se nos había sido considerado como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo. Tan privilegiada posición se debía a las siguientes razones: Sus enormes reservas petroleras Las reservas probadas de petróleo convencional de Venezuela alcanzan a 78.000 millones de barriles; pero adicionalmente cuenta con 270.000 millones de barriles de crudos pesados y extra pesados pero económicamente explotables en la Faja Petrolífera del Orinoco. Su extraordinaria posición geográfica Venezuela está ubicada en el hemisferio occidental, al norte de la América Latina, muy cerca de los EEUU, el mayor mercado petrolero del mundo. Su trayectoria petrolera. Venezuela se ha ganado a lo largo de más de
5 lustros su posición como suplidor confiable. Veamos: El Medio Oriente es una de las regiones más conflictivas del mundo. Sus problemas que se remontan a tiempos bíblicos, se agravaron después de la I Guerra Mundial con el desmembramiento del Imperio Otomano y, más aún, después de la II Guerra Mundial con la creación de Israel. A lo anterior hay que agregar los conflictos internos del mundo islámico, desgarrado por enfrentamientos entre shiitas y sunnitas, y los problemas pendientes con el pueblo kurdo. Venezuela por su parte es un país cristiano y occidental. Es el único país no islámico de la OPEP y no participa de la conflictividad geopolítica y religiosa de aquella región del mundo. Sin embargo, en esta ocasión, mientras se producía el ataque a Irak, Venezuela nada podía hacer para aliviar las incertidumbres en los mercados petroleros. Mientras ocurrían aquellos sucesos, nuestra producción petrolera se había interrumpido y el Gobierno había despedido a 18.000 trabajadores de PDVSA. Nuestra industria petrolera estaba herida de muerte. La revolución había desechado 200.000 años de experiencia y conocimiento que reunían los trabajadores despedidos. Veamos que puede ocurrir ahora en los mercados petroleros: El costo de reconstrucción de Irak podría ubicarse en una cifra cercana a los 170.000 millones de dólares. La mayor parte de ese dinero provendrá del petróleo. En cuestión de meses Irak incrementará su producción. Otras naciones de la OPEP podrían compensar la caída de los ingresos incrementando también su producción. Pero hay una que no tiene posibilidad de hacerlo: Venezuela. Ahora bien, la historia nos demuestra que cada uno de los conflictos del Medio Oriente deja sembrada la semilla para el siguiente estallido. Eso parece ocurrir en Irak. Los shiitas, que representan casi el 60% de la población, claman por la salida de las fuerzas extranjeras y por la instauración un gobierno teocrático al estilo de Irán. Los kurdos, que no son árabes y que constituyen cerca del 30% de la población, amenazan con separarse y constituir un Kurdistán independiente Mientras tanto, los ánimos del fundamentalismo islámico, muy particularmente en Arabia Saudita, están enardecidos. Quienes conocen la geopolítica del Medio Oriente, saben que la región está muy lejos de haber recuperado la calma. El mundo necesita a Venezuela y nosotros necesitamos recuperar la posición de abastecedor seguro y confiable que siempre la caracterizó. Sólo así podremos atraer las inversiones que requerimos. Eso sólo podrá ocurrir con un cambio de gobierno. |
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