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Hoy quiero hablar nuevamente acerca de nuestra industria petrolera. Comenzaré por decir que la importancia de nuestro sector de los hidrocarburos se basa en varios elementos fundamentales a los cuales voy a hacer referencia a lo largo de esta conversación. Pero antes, comenzaré por decir que el extraordinario éxito que ha tenido PDVSA desde su fundación en 1976, se debió a un especie de pacto tácito entre nuestra dirigencia política y nuestra dirigencia petrolera. Al nacionalizarse la industria, la dirigencia política le exigió a los petroleros realizar el mayor aporte posible al Estado, vía impuesto sobre la renta, regalía y dividendos. Los petroleros se comprometieron a hacerlo, pero a su vez establecieron que eso sólo podían lograrlo si la política se detenía a las puertas de PDVSA. Y eso es básicamente lo que ocurrió hasta 1999. Pero cuando ganó Chávez, todo se vino abajo. PDVSA pudo ser manejada hasta 1998 como una empresa privada y gracias a la extraordinaria capacidad de su gente, llegó a transformarse en la segunda mayor empresa petrolera del mundo entero y con niveles de eficiencia que según todas las publicaciones especializadas la colocaban entre los primeros lugares del mundo. Sus aportes a la economía nacional fueron impresionantes, aunque hay que aclarar que esos aportes eran entregados al único accionista de PDVSA, es decir el Estado. La importancia que llegó a adquirir la industria petrolera venezolana se debió fundamentalmente a tres factores vitales: Nuestras enormes reservas de petróleo, la importancia geopolítica de Venezuela que siempre fue percibida como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo y desde luego, la capacitación de la gente que manejaba nuestra industria petrolera. Comenzaré por este último factor: la gente. Cuando nace PDVSA en 1976, después de la nacionalización, esa gente, nuestra gente del petróleo, fue capaz de alcanzar metas que lucían imposible. Por ejemplo, fue capaz de incrementar de una manera asombrosa las reservas probadas de petróleo Veamos, para 1976, las reservas probadas de petróleo de Venezuela eran de apenas unos 18.000 millones de barriles diarios, que al nivel de producción de aquella época, que era de unos 2,3 millones de barriles diarios, habrían de alcanzarnos para unos 20 años; es decir, que ya se habrían agotado a mediados de la década del noventa. Sin embargo, para el año de 2002, las reservas probadas de petróleo convencional superaban los 78.000 millones de barriles. Pero además, se encontraron gigantescas reservas de crudos pesados y extra pesados, en lo que constituye la mayor acumulación de petróleo que hoy se conoce en el mundo entero. Me refiero, desde luego a la Faja Petrolífera del Orinoco. Se estima que las reservas económicamente explotables de la Faja del Orinoco superan los 270.000 millones de barriles. A los actuales niveles de producción nuestras reservas totales alcanzarían para más de 300 años. El segundo elemento en el cual se basa la importancia de nuestra industria petrolera es en la percepción, que hasta ahora existía, de que Venezuela era el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo. En efecto, esa era una posición bien ganada por nuestro país. Numerosas crisis han afectado los mercados petroleros a lo largo de muchas décadas. Voy a referirme a algunos de ellas. En primer lugar, tengo que mencionar la II Guerra Mundial. Durante aquel conflicto, Venezuela aportó más del 60% del petróleo utilizado por las fuerzas aliadas, transformándose así en un factor fundamental para el triunfo de las mismas. Nuevamente en 1953 surge una grave crisis en los mercados petroleros. En esa oportunidad, en plena Guerra de Corea, el Sha de Irán fue derrocado por su Primer Ministro Mossadegh. El resultado fue que se interrumpió la producción petrolera de ese país, que era el que suministraba el petróleo requerido por las fuerzas que combatían el avance comunista. Nuevamente en 1967 surge un conflicto en los mercados. Se trató de la Guerra de los Seis Días entre las naciones árabes e Israel. Aquel conflicto duró poco tiempo, pero sus consecuencias en los mercados petroleros fue inmensa. Al verse derrotado, Gamal Abdel Nasser, el Presidente de Egipto, decidió bloquear el Canal de Suez. Recordemos que todo el petróleo que se producía en el Golfo Pérsico, daba la vuelta a la Península Arábica, subía por el Mar Rojo y atravesaba por el Canal de Suez para llegar a sus mercados. Pero el bloque de ese canal implicaba que ese mismo petróleo tenía ahora que darle la vuelta a todo el continente africano. No había suficientes banqueros en el mundo para cumplir el recorrido y los mercados entraron en crisis. Otra crisis surgió en 1969. En esa ocasión el Rey Idrish de Libia es derrocado por Muhamar Gaddafi. No habría de pasar mucho tiempo antes de que la producción petrolera de Libia se interrumpiera, dejando a Europa sin petróleo. También en 1973 se produce otra crisis. En esta ocasión las naciones árabes, que estaban deseosas de vengarse de la derrota que Israel les había infligido en la Guerra de los Seis Días, atacan a Israel por sorpresa. Se trata de la Guerra del Yom Kippur o del Ramadán. Las naciones árabes resultaron vencidas una vez más, pero al terminar el conflicto aplicaron lo que se conoció como el Embargo Petrolero Árabe, interrumpiendo el suministro petrolero a occidente. Estalla así un episodio que se conoce con el nombre de el primer Shock Petrolero. Los mercados se quedaron una vez más sin el vital producto. Nuevamente en 1979 estalla otro conflicto en el mundo islámico productor de petróleo. En esa ocasión el Sha de Irán es derrocado por el Ayatollah Khomeini. Una vez más se interrumpe la producción petrolera iraní, provocando así el Segundo Shock Petrolero. Y es que el Medio Oriente es una de las regiones más inestables del mundo. Vemos así como en 1991 se produce un nuevo estallido de violencia en el mundo islámico. En esta ocasión Saddam Hussein, al mando de Irak, invade a Kuwait. Una nueva confrontación en la región afecta los mercados petroleros. Ese episodio se conoció como la Guerra del Golfo. La Alianza árabe-occidental termina por expulsar a Hussein del territorio kuwaití. Pero al retirarse, Saddam incendia todos los pozos petroleros de Kuwait. Además, las Naciones Unidas le aplican un embargo petrolero a Irak, con lo cual el mundo se quedó sin el petróleo de Kuwait ni el de Irak. Pues bien, en todas y cada una de las crisis antes mencionadas, Venezuela aumentó su producción petrolera y acudió en auxilio de un mundo atribulado por la escasez de energía. Esos nos valió una muy bien ganada reputación como el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo. Sin embargo, hace apenas pocos meses se produjo otro conflicto en el Medio Oriente. En esta ocasión EEUU y Gran Bretaña atacaron y derrocaron finalmente a Saddam Hussein. Esa acción sin duda ha exacerbado los ánimos del fundamentalismo islámico, lo cual podría traducirse en una desestabilización de algunos países productores de petróleo de aquella región del mundo. Ero, en esta ocasión, por primera vez en más de seis décadas, Venezuela no está en condiciones de acudir en auxilio del mundo. Nuestro país no fue percibido como una parte de la solución, sino más bien como una parte del problema. Y es que mientras ocurrían los sucesos antes narrados, el Gobierno de Venezuela había cometido uno de los actos más salvajes imaginables. Había despedido a más 20.000 trabajadores tanto de PDVSA como de INTESA, hiriendo de muerte a la que hasta ese momento era reconocida como una de las más grandes y eficientes empresas petroleras del mundo entero. Esos trabajadores, que en conjunto acumulaban más de 300.000 años de experiencia y conocimiento, fueron desechados como si tal cosa. Y con un cinismo que sólo puede ser producto de un desconocimiento monumental, los personeros de este Gobierno afirman que están ahorrándole a PDVSA más del 40% de sus gastos. Pero hablemos de cifras. Al despedir a esos trabajadores dice el Gobierno que están ahorrando algo más de 400 millones de dólares al año. Por supuesto, la contrapartida es que esa acción está generando una caída de ingresos cercana a los 5.000 millones de dólares. ¡Que bonito negocio!. Yo creo que estos señores deberían pedirle a los alfabetizadotes cubanos que los enseñaran a sumar y restar. Eso es como si el dueño de una tienda decidiera un buen día despedir a sus empleados, dejar de reponer los inventarios de los productos que vende y no pagar más las cuentas a sus proveedores. Quien así actúe podrá creer que está ahorrando gastos, pero cualquiera que tenga dos dedos de frente entenderá que lo único que va a lograr es que la tienda quiebre. Voy a tratar de explicar lo que está haciendo la gente que hoy está al frente de PDVSA. En primer lugar me voy a referir a lo que le está ocurriendo a nuestra producción petrolera. Pues bien, a pesar de las afirmaciones oficiales, la producción petrolera de Venezuela ha caído desde unos 3,3 millones de barriles diarios, a una cifra que ya se ubica por debajo de los 2,7 millones de barriles por día, de los cuales los negocios de la Apertura Petrolera, que se firmaron mientras Luis Giusti era Presidente de PDVSA y yo era parte del Directorio de la empresa, aportan hoy cerca de 900.000 barriles. PDVSA está produciendo sólo 1,7 millones de barriles, es decir, 700.000 barriles menos que antes. Y lo pero es que la producción seguirá cayendo en términos acelerados. Que ironía, esa Apertura Petrolera que tanto criticaron Chávez y Alí Rodríguez, es la que le está sacando las patas del barro al Gobierno. Pero debo afirmar que no es la caída de la producción lo que más me preocupa. Lo que me preocupa sobre todo es el daño que le están causando a nuestros yacimientos y sobre todo a nuestros yacimientos más jóvenes y prolíficos: los que están ubicados en el Estado Monagas. En un extremo de simplificación voy a referirme a la forma como se debe manejar un yacimiento. Imagínense ustedes que un yacimiento es una superficie como esta que les voy a mostrar. A la vez, imaginen ustedes que el subsuelo, es decir, lo que está debajo de la superficie, es como una esponja, así como esta, o más bien digamos, como la piedra de un filtro de agua, sólo que ubicada a miles de metros de profundidad. El petróleo, se encuentra entre los poros de la piedra. En el caso del Furrial, por ejemplo, la esponja o la piedra tiene la dimensión del cerro del Avila y se encuentra a 5 kilómetros de profundidad. Pues bien, el manejo adecuado del yacimiento implica la perforación de varios pozos estratégicamente ubicados en varios puntos del yacimiento. El petróleo que está en el subsuelo asciende a la superficie empujado por la presión del gas que contiene el yacimiento. Tal presión tiene que ser muy alta para permitir que el petróleo pase primero a través de los poros de la piedra y suba después desde 5 kilómetros de profundidad. Una vez que ese petróleo se produce, hay que proceder a separar el gas que contiene y volverlo a inyectar en el yacimiento para mantener su vitalidad. El gas debe ser reinyectado de manera uniforme, a través de diferentes puntos de la superficie del yacimiento. Se trata de una ciencia muy compleja. Pues bien, como esta gente salvaje despidió quienes sabían hacerlo dentro de PDVSA, lo que hoy en día está ocurriendo es lo siguiente. Por una parte, han cerrado muchos de los pozos y han abierto al máximo la válvulas de otros. Nuevamente recurriré a una simplificación. Es más sencillo operar solamente los pozos que tienen mayor presión. Imaginemos que sólo se están abriendo los pozos que se encuentran en esta esquina del yacimiento. Al hacerlo, ciertamente se logra aumentar, de manera temporal, la producción de los mismos. Pero veamos lo que ocurre en el subsuelo. Todo el gas del yacimiento tiende a dirigirse hacia los pozos que están operando es esa esquina. Por supuesto, al hacerlo, arrastra consigo todo tipo de sedimentos que allí existen. Antes les pedí que imaginaran el subsuelo del yacimiento como una esponja. Esos sedimentos que arrastra el gas y los que forma el propio petróleo, terminan por taparlos poros de la esponja, o más bien de la piedra, con lo cual el yacimiento corre el riesgo de sufrir daños irreversibles. Pero además, está ocurriendo otra cosa terrible. Antes les dije que había que separar el gas del petróleo y volverlo a reinyectar. Eso no se está haciendo adecuadamente. El resultado es que se pierde la presión que existe en el subsuelo. Ya antes les dije que es precisamente ese gas el que obliga al petróleo a subir a la superficie. Pues bien, por razones de carácter físico, al perder presión, el gas se transforma en líquido y una vez que esto ocurre, ya no es capaz de empujar el petróleo hacia la superficie. En ese momento, el yacimiento sufrió un daño irreversible. El petróleo que contiene nunca más podrá ser producido en términos económicos. Como consecuencia del inadecuado manejo de los yacimientos, en algunas ocasiones se han venido venteando, es decir quemando en mechurrios y lanzando a la atmósfera entre 400.000 y 500.000 millones de pies cúbicos de gas. Eso es el equivalente a dos veces el consumo de toda la ciudad de Caracas. Pero además eso no sólo representa un daño que puede ser irreparable para los yacimientos, sino que además le causa estragos incalculables a la atmósfera y muy particularmente a la capa de ozono. Se trata de un crimen que yo no sólo me atrevería a calificar de lesa patria, sino incluso de lesa humanidad. Pero los daños no sólo se están causando a nivel de producción. También en nuestras refinerías se está cometiendo todo tipo de barbaridades. Esas refinerías están diseñadas para transformar los crudos venezolanos, que aunque abundantes son por lo general de muy mala calidad, en productos de alto valor. Sin embargo, como despidieron a casi toda la gente que sabía operar nuestras refinerías, lo que las mismas están produciendo hoy en día, es en su mayor parte los productos de menor valor, tal como el fuel oil. De hecho, mientras yo fui miembro del Directorio de PDVSA recuerdo que cada mes exportábamos unos trece supertanqueros cargados de gasolina reformulada principalmente hacia los EEUU. Pues bien, en lo que va de este año, sólo ha salido un solo cargamento de gasolina reformulada del país, el cual por cierto fue devuelto al llegar a su destino porque no cumplía con las normas de calidad. Un ejemplo de lo que está ocurriendo en nuestras refinerías podemos observarlo en el complejo refinador de Paraguaná, que no sólo es uno de los más grandes del mundo, sino también uno de los más avanzados desde el punto de vista tecnológico.. Uno de las mayores desventajas de los crudos venezolanos es su alto contenido de azufre. En el Complejo Refinador de Paraguaná se producían diariamente unas trescientas toneladas de azufre, que eran extraídos del petróleo mediante plantas desulfuradoras de alta tecnología. Pues bien, en la actualidad esas plantas desulfuradoras no están funcionando, lo cual puede comprobarse al constatar que en Paraguaná no se está produciendo azufre. Lo increíble es que ese azufre se está lanzando a la atmósfera, provocando también, por esta vía, un daño ambiental que yo me atrevería a calificar de monstruoso. Asimismo en el Lago de Maracaibo se está produciendo un tremendo daño ambiental. Los derrames petroleros están a la orden del día. Para resolverlos, el Gobierno prohibió sencillamente los sobre vuelos en el lago, a fin de que el público no pueda enterarse de lo que allí ocurre. ¡Qué barbaridad!. También en la refinería de El Palito se están causando daños impresionantes. De hecho, ya se han producido tres o cuatro incendios de grandes proporciones y hace apenas un par de semanas tres trabajadores murieron en una explosión. Otros ya había muerto anteriormente. En el área financiera la destrucción de PDVSA avanza a pasos agigantados. Por primera vez desde su fundación, PDVSA no ha sido capaz de presentar sus Estados Financieros. El Superintendente del Seniat ha anunciado que la empresa va a ser multada, porque no ha pagado los impuestos. Para colmo, a pesar de las prórrogas que le fueron concedidas, PDVSA no pudo cumplir con la presentación de los informes requeridos por el Securities and Exchange Comissión, que es la comisión de valores de los EEUU. La razón del incumplimiento es clara. Hoy en día PDVSA no puede ser auditada. Las consecuencias no sólo serán graves para PDVSA. Lo serán también para Venezuela. Recordemos que la deuda externa de nuestro país alcanza a unos 22.000 millones de dólares. Los mercados saben perfectamente que cerca del 80% de las divisas que obtiene Venezuela provienen de la venta de su petróleo. Obviamente, si PDVSA no es capaz de presentar los informes requeridos, la percepción será la de que el país no está obteniendo las divisas para pagar su deuda. El resultado es que las puertas de los mercados financieros se cerrarán para Venezuela. Por otra parte, el Gobierno despidió también a toda la gente que sabía comercializar el petróleo que producíamos en Venezuela. La formación de ese personal tomó más de dos décadas y media. Pero hoy en día hemos perdido el contacto con nuestros clientes en el exterior, porque el petróleo que producimos se está siendo vendido a través de traders internacionales que de paso cobran una elevada comisión y quien sabe cuántos actos de corrupción se estarán cometiendo el proceso. En resumen, nuestra producción petrolera está cayendo en términos dramáticos, nuestros yacimientos están sufriendo daños que pudieran llegar a ser irreversibles, hemos perdido lo que hasta ahora era uno de nuestros principales activos: la percepción de que éramos el abastecedor de petróleo más seguro y confiable del mundo, se están provocando gravísimos daños a nuestras instalaciones, las cuales por cierto no están recibiendo el mantenimiento que requieren, el valor de nuestras exportaciones se está reduciendo dramáticamente porque nuestras refinerías ya no son capaces de producir los derivados de mayor valor, se están provocando daños ambientales terribles, se ha destrozado la fortaleza financiera de PDVSA, se han interrumpido las actividades exploratorias y se han lanzado al cesto de la basura unos 300.000 años de experiencia y conocimiento que acumulaban los trabajadores despedidos. ¡Que desastre!. En fin, los daños que está sufriendo nuestro país sólo podrían calificarse de incalculables. Si estuviésemos en guerra con alguna potencia extranjera, el objetivo fundamental de ese enemigo hubiera sido el de provocar daños como el que hoy en día le están causando a nuestra industria petrolera esta gente salvaje que se ha apoderado de PDVSA. |
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